Cómo afecta el frío a la viña: claves para entender el ciclo natural del viñedo

Vinedo nevado

El frío es uno de los factores climáticos más determinantes en el ciclo vegetativo de la vid. Aunque a menudo se relaciona con riesgos como las heladas tardías, lo cierto es que las bajas temperaturas cumplen una función esencial: ayudan a la planta a descansar, regular su crecimiento y prepararse para la siguiente cosecha.

Entender cómo afecta el frío a la viña es fundamental para comprender la viticultura, especialmente en regiones donde el invierno y la amplitud térmica definen el carácter del vino.

El reposo invernal: el gran aliado invisible de la vid

Durante el invierno la viña entra en letargo vegetativo. Este período de reposo es imprescindible para que la planta recupere energía tras el ciclo anterior. Las temperaturas frías favorecen procesos metabólicos que solo se activan cuando la vid baja su ritmo. Sin este descanso, la planta se debilitaría y la producción, tanto en cantidad como en calidad, se vería comprometida.

La vid necesita una cantidad mínima de horas de frío para cumplir con el descanso invernal. Este requisito es comparable al de otros cultivos leñosos, como almendros o cerezos. Si el invierno es demasiado suave, la planta puede despertar antes de tiempo o hacerlo de manera irregular, lo que eleva el riesgo de daños si llega una helada tardía.

Año de nieves, año de bienes

El invierno de 2026 nos está regalando preciosas estampas, en nuestro caso, especialmente en Finca Montepedroso (Rueda). La nieve es una valiosa forma de precipitación, la antítesis de las lluvias torrenciales o tormentas, porque el agua se filtra lentamente en el subsuelo. Además, ayuda a limpiar el suelo de agentes patógenos.

Bodega nevada

Heladas: el lado más temido del frío

Si bien el invierno aporta beneficios, las heladas (especialmente las heladas primaverales) representan uno de los grandes riesgos para la viña.

  • Heladas invernales: suelen afectar menos porque la planta está dormida.
  • Heladas tardías de primavera: son las más peligrosas, ya que pueden destruir brotes verdes, y con ello, la futura cosecha.
  • Heladas otoñales: pueden detener la maduración si ocurren demasiado pronto.

La sensibilidad también varía según la variedad. Por ejemplo, las variedades de brotación temprana (como chardonnay o tempranillo) están más expuestas que aquellas que brotan más tarde.

El frío y el terruño: diferencias según el clima

El frío está profundamente ligado al concepto de terroir, ya que influye en la acidez, la aromática y la estructura del vino. En zonas frescas, la maduración es más lenta y los vinos suelen tener mayor frescura y tensión. En zonas cálidas, el frío nocturno es clave para equilibrar el ciclo.

Por eso, regiones vitivinícolas situadas en la meseta destacan no solo por el calor del verano, sino por la amplitud térmica entre día y noche.

vinedo nevado

Regulador biológico

El frío no es solo un factor meteorológico: es un regulador biológico esencial para la vid. Sin él, no hay descanso, no hay equilibrio en la brotación y, por tanto, no hay vinos con estructura, acidez y capacidad de envejecimiento.

En definitiva, el invierno, con sus heladas y su aparente quietud, es el primer capítulo del vino que disfrutaremos meses después. La viña descansa, se renueva y vuelve a empezar, en un ciclo tan silencioso como imprescindible.

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