Mayo es uno de los meses más importantes en el ciclo natural de la vid. Tras la brotación iniciada en abril, el viñedo entra en una fase de crecimiento activo en la que los pámpanos se desarrollan con rapidez y las hojas comienzan a expandirse, formando ya la estructura vegetativa de la planta. El paisaje cambia casi de un día para otro y los viñedos comienzan a teñirse de un verde intenso que anuncia la llegada de una nueva campaña.
Este año, además, el ciclo vegetativo comenzó con cierto adelanto en todas nuestras fincas. A mediados de abril, la viña presentaba aproximadamente quince días de adelanto respecto a una campaña habitual. Sin embargo, las lluvias y el descenso de temperaturas registrados durante la segunda mitad de abril y los primeros días de mayo han ralentizado ligeramente el desarrollo vegetativo, reduciendo ese adelanto inicial a alrededor de una semana.
Un mes decisivo para el viñedo
Es un momento especialmente importante para el viñedo porque en estas semanas se empieza a definir gran parte del equilibrio de la planta: el número de brotes, el vigor vegetativo y la futura carga productiva. Al mismo tiempo, es también una fase delicada. Los nuevos futuros racimos son todavía tiernos y sensibles a cualquier episodio meteorológico brusco, por lo que mayo suele vivirse con una vigilancia constante en el campo.
La meteorología de este mes suele caracterizarse por una gran inestabilidad. Alternan jornadas suaves y soleadas con lluvias intensas, tormentas e incluso episodios de granizo. En las zonas de mayor continentalidad, como Rueda o Rioja, todavía existe riesgo de heladas tardías. La lluvia resulta fundamental para asegurar las reservas hídricas de cara al verano, pero el exceso de humedad o la violencia de determinadas tormentas puede comprometer el correcto desarrollo del viñedo.
Cada territorio vive este momento de manera diferente, condicionado por su clima, altitud, orientación y tipo de suelo. En proyectos como Finca Valpiedra, Finca Montepedroso y Finca Antigua, mayo refleja perfectamente cómo cada paisaje interpreta de forma distinta el mismo momento del ciclo vegetativo.
Finca Valpiedra
En Finca Valpiedra, situada en uno de los grandes meandros del río Ebro, el invierno y la primavera han sido especialmente generosos en lluvias. La presencia del río genera un microclima muy particular que ayuda a suavizar las temperaturas y favorece un desarrollo vegetativo equilibrado. El aspecto del viñedo es cualitativo hasta el momento y todo apunta a que la vegetación será especialmente exuberante durante este verano. Sin embargo, esta abundancia de humedad también obliga a intensificar el cuidado frente a enfermedades fúngicas, uno de los principales retos en esta época del año. El trabajo en el viñedo se centra ahora en el seguimiento constante de cada parcela para mantener el equilibrio sanitario y garantizar una evolución adecuada de la planta durante las próximas semanas.

Finca Montepedroso
En Finca Montepedroso, en pleno corazón de la DO Rueda y a unos 750 metros de altitud, el carácter del clima es más extremo. El invierno, muy generoso en agua, unido a una primavera de temperaturas suaves, ha permitido que el viñedo presente un aspecto espectacular. Además, las tormentas primaverales apenas han afectado a la finca este año, sin incidencias importantes de granizo ni problemas sanitarios relevantes.
Estas condiciones permiten prever un desarrollo vegetativo extraordinario para las próximas semanas. En una variedad como la verdejo, tan ligada al equilibrio entre frescura y maduración, las lluvias de primavera tienen una enorme importancia para afrontar los meses más cálidos y secos del verano en buenas condiciones.

Finca Antigua
Por su parte, Finca Antigua representa el carácter más extremo de las tres fincas. Situada a más de 900 metros de altitud en La Mancha, vive un ciclo vegetativo ligeramente más tardío debido a las condiciones climáticas derivadas de su altura. Este invierno también ha sido especialmente lluvioso, lo que ha provocado una brotación muy vigorosa y un cierto adelanto vegetativo.
Aun así, todavía es pronto para saber si este adelanto se trasladará también a la vendimia, ya que el desarrollo final dependerá de cómo evolucione el clima en los próximos meses. En un entorno tan singular como Finca Antigua, cada lluvia tiene un enorme valor para asegurar el equilibrio hídrico del viñedo y afrontar con garantías el verano manchego.

Trabajo en el viñedo
Más allá del clima, mayo es también el momento en el que comienzan los conocidos trabajos en verde. Labores como la selección de brotes, la eliminación de pámpanos innecesarios o el control del vigor permiten equilibrar la producción y mejorar la aireación de la planta. Son trabajos silenciosos, realizados manualmente y con enorme precisión, que tendrán una influencia directa en la calidad futura de la uva.
En definitiva, mayo marca la transición definitiva entre el reposo invernal y la actividad plena del viñedo. Es un mes de fuerza, crecimiento y también de cierta vulnerabilidad. Un periodo en el que cada lluvia, cada temperatura y cada decisión en el campo empiezan a escribir la historia de la próxima vendimia.