Estrés hídrico en la vid: qué es y cómo se gestiona el agua en el viñedo

La vid es una planta resistente, pero eso no significa que la falta de agua no le afecte. Cuando el agua disponible en el suelo no cubre sus necesidades, aparece el estrés hídrico. Su intensidad y duración condicionan el crecimiento de la cepa, la actividad de las hojas y el desarrollo de las uvas.

Gestionar el agua no consiste simplemente en decidir si se riega o no. El objetivo es mantener el equilibrio de la planta. Un exceso puede favorecer un crecimiento vegetativo demasiado intenso, con hojas y pámpanos que compiten con los racimos. Una carencia severa, en cambio, puede reducir la actividad de la cepa y comprometer la maduración.

¿Cómo reacciona la vid ante la falta de agua?

Cuando la vid detecta que dispone de menos agua, activa distintos mecanismos de defensa. Uno de los primeros es el cierre parcial de los estomas, pequeños poros de las hojas que regulan el intercambio de gases y la pérdida de agua.

Esta respuesta limita la transpiración, pero también reduce la entrada de dióxido de carbono y, por tanto, la fotosíntesis. Como consecuencia, el crecimiento de los pámpanos se ralentiza y la planta dispone de menos energía.

Si el déficit continúa, las hojas pueden perder turgencia, cambiar de orientación, secarse en los bordes o amarillear. Los pámpanos dejan de crecer y disminuye la superficie foliar activa. En situaciones intensas también puede verse afectado el tamaño de las bayas y el equilibrio entre azúcares, acidez y compuestos fenólicos.

No todas las cepas responden igual

El estrés hídrico no depende únicamente de la cantidad de lluvia. También influyen el tipo de suelo, su profundidad y su capacidad para retener agua. Un terreno arcilloso conserva la humedad de forma distinta a uno pedregoso o arenoso.

La variedad, la edad de la cepa y el desarrollo de sus raíces también son importantes. Las plantas adultas suelen explorar capas más profundas, mientras que las jóvenes pueden ser más sensibles a periodos prolongados de sequía. A ello se suman la temperatura, el viento, la exposición solar y la carga de uva.

Por este motivo, dos parcelas cercanas pueden presentar necesidades diferentes y no deben gestionarse siguiendo una receta única.

¿Cuándo es necesario un riego de apoyo?

El riego de apoyo puede utilizarse cuando la falta de agua amenaza con romper el equilibrio de la cepa. La decisión no responde a un calendario fijo, sino al seguimiento de cada viñedo.

Además de observar las hojas, los pámpanos y el suelo, los equipos técnicos pueden analizar parámetros como el potencial hídrico de la planta. El objetivo no es eliminar por completo un déficit moderado, que puede limitar el exceso de vigor, sino evitar que el estrés detenga la actividad de la vid o afecte al desarrollo de la uva.

La gestión del agua en Familia Martínez Bujanda

Las condiciones de este verano han exigido un seguimiento especialmente atento de los viñedos de Familia Martínez Bujanda. Las sucesivas olas de calor no afectan de la misma forma a todas las fincas, por lo que las decisiones se toman según la respuesta de cada terreno, el estado de las cepas y la evolución de las temperaturas.

En Viña Bujanda, el calor intenso y continuado hizo necesario regar a finales de julio, algo que no se hacía desde hacía varios años. La intervención se realizó como apoyo puntual para ayudar a las plantas a mantener su actividad y evitar que un déficit de agua demasiado acusado alterase su equilibrio.

En Finca Antigua, donde el estado vegetativo y sanitario del viñedo es extraordinario, las elevadas temperaturas también han obligado a recurrir al riego. No se hacía desde 2023. La finca dispone, además, de una balsa que abastece las necesidades del viñedo y utiliza nanotecnología para optimizar el aprovechamiento del agua, reduciendo en un 50% su consumo destinado al riego.

El calor de este verano también ha llevado a regar en Finca Montepedroso, donde el viñedo mantiene un buen estado. Como sucede en Viña Bujanda y Finca Antigua, no se trata de una práctica sistemática, sino de una medida adoptada ante unas condiciones meteorológicas concretas y después de observar la evolución de las cepas.

En Finca Valpiedra, el viñedo mantiene un excelente estado vegetativo y sanitario. Sus terrazas de cantos rodados, la proximidad del río Ebro y su microclima generan unas condiciones diferentes a las del resto de las fincas, por lo que su evolución se controla de manera específica.

En todos los casos, la decisión se apoya en el mismo criterio: observar cada viñedo de cerca y regar solo cuando es necesario para proteger su equilibrio.

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